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Zanahoria morada

Érase que se era una zanahoria morada

Cuando salimos de la huerta, aún queda mucho por hacer y, entre otras cosas, nos toca planificar los cultivos: decidir qué queremos sembrar, cuándo y en qué cantidad.

Como muchos sabréis, nos esforzamos por ofreceros algunos productos que destaquen entre los que encontráis día a día en vuestra cocina y en una ocasión, nos topamos con semillas de zanahoria morada y nos picó la curiosidad. No se trata sólo de una variedad más de Daucus carota, sino de una variedad rescatada del olvido.

La zanahoria es originaria de Europa y Asia sudoccidental. En su origen, se cultivaba por las propiedades aromáticas de sus hojas y semillas, y también se usaba como pasto. Se dice que fueron los árabes quienes comenzaron a consumir su raíz, que es lo que comemos hoy en día: una raíz bien engordada. De hecho, se cree que fueron ellos quienes introdujeron la zanahoria en la Península Ibérica.

Las variedades de zanahoria más consumidas, y que han sido seleccionadas durante siglos, son amarillas (aunque éstas son más típicas de Asia) y naranjas, que son las que comemos aquí. Este color se lo deben a su contenido en carotenos, un pigmento anaranjado de los vegetales.

Y volvamos a lo que nos ocupa. La zanahoria morada es blanca por dentro y su uso quedó en el olvido por ser considerada de menor calidad y destinada al ganado. Hoy en día, su cultivo y consumo se está retomando, aunque hay regiones que nunca la han olvidado. Su sabor es más dulce y desde luego llama nuestra atención en el plato.

¿Ya la habéis probado? ¿Cómo la habéis cocinado?

 


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Receta: sopa de puerros

Ingredientes:

  • un manojo de puerros Lurgane
  • una cebolla Lurgane
  • dos patatas Lurgane
  • 30 g de mantequilla (o aceite de oliva)
  • 250 ml de leche
  • Sal
  • Eneldo fresco (opcional)


Preparación:


Cortar la raíz y la parte más extrema y dura de las hojas de los puerros. Desechar la primera capa y lavar bien.
Trocear puerros y cebolla.
Pelar y cortar la patata en dados.
Derretir la mantequilla y añadir el puerro y la cebolla, saltear hasta que se ablanden, incorporar la patata y rehogar un par de minutos más.
Verter la leche y 1 litro de agua, sazonar con sal y un par de ramitas de eneldo.
Cuando empiece a hervir, cocer a fuego lento hasta que se hagan las patatas (unos 25 min).
Triturar todo con batidora y corregir la sal.


ON EGIN! Si conocéis algún truco para mejorar la receta, os invitamos a compartirla con nosotros.


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Las cosechas de la crisis

Artículo publicado en El Correo (19/10/14)

Cuando el trabajo escasea, la gente arriesga más en sus proyectos. Tanto que algunos incluso vuelven la cabeza al pasado para rescatar empleos arrinconados. Es el caso de Félix Prior, que no pudo cumplir la aspiración de ser juez al cerrarse las oposiciones y decidió apuntarse a una lista de la Diputación en la que se ofrecía la cesión de parcelas en Loiu para su uso agrario. Le tocaron
5.000 metros cuadrados. Tras recibir la noticia, Félix realizó un curso de un año en una escuela
agraria. «Al principio no sabía nada sobre el tema», dice. Hoy en día su aspecto es similar al de un granjero de Iowa: katiuskas, ropa vieja de trabajo ensuciada por la tierra y unas manos que comienzan a estar ásperas de tanto trasegar con herramientas
Como Félix, otras seis personas cuidan y explotan 20 hectáreas de Loiu y que conforman el primer agrogune de Bizkaia.Todas tienen un pasado similar al de Félix. Ángel Gómez, de Erandio, era carpintero hasta que el boom de la construcción tocó techo; Diego Sanz, jefe de obras en paro; Iker Basoredo yAlex Alday también trabajaban en la construcción y llevaban tres años sin empleo.
Garbiñe Zaballa parece ser la excepción. Trabaja en una tienda de ropa y, a veces, ejerce de radioterapeuta en Basurto. Aunque le queda tiempo para acudir a su terreno.

Casi todos han instalado grandes invernaderos donde cultivan productos de temporada. Ahora, en época otoñal, han plantado coles, lechuga y coliflor. Será su primera cosecha, ya que desde que comenzaron en mayo han estado «haciendo los papeleos, las licencias y los presupuestos», aseguran. A primera vista, parece que el agrogune es una campa cultivada de la misma manera que otras. Pero es más que eso: «Estamos todos juntos en este proyecto. Compartimos herramientas y el agua para el regadío. Aprendemos unos de otros. Aquí no hay competencia, sino cooperativa», subraya Diego.

«Siempre hay que estar pendiente del cultivo». Aunque ellos se consideran afortunados. «El problema de vivir de la agricultura suele ser conseguir el terreno, que es muy caro. En nuestro caso, solo pagamos 200 euros al año gracias a la cesión de la Diputación». Una vez recogida la primera cosecha, su intención es vender el producto, cultivado ecológicamente, de forma directa a grupos de consumo que pueden ser barrios, zonas o simplemente familias. «La gente cree que el producto ecológico es caro, pero nuestra intención es venderlo a buen precio, ya que nos saltamos los intermediarios». Esperan tener éxito, aunque de momento «todo han sido gastos», por lo que «iremos poco a poco».